Nervacero trabajará al 20% un año

16/09/2009

Los sindicatos creen que el grupo Celsa va a concentrar la producción en su factoría de Barcelona, en detrimento de la del Valle de Trápaga

Ya ha presentado un expediente que afecta a un total de 437 trabajadores de sus 572 trabajadores
La empresa trabaja para el sector de la construcción, el más afectado por la crisis

 
El hundimiento del sector de la construcción va a pasar una nueva factura, aunque con cierto retraso, a la industria vasca. La empresa siderúrgica Nervacero, ubicada en la localidad vizcaína del Valle de Trápaga, no ha podido evitar los efectos de la crisis y se va a ver obligada a reducir, de forma drástica, su ritmo de producción. Sus previsiones para los próximos doce meses pasan por mantener la actividad de su factoría tan sólo 16 días de cada 30 y fabricar unas 12.000 toneladas mensuales de laminados, apenas el 20% de las 60.000 que tiene de media.
La sociedad, propiedad del grupo catalán Celsa, acaba de presentar al Gobierno vasco la solicitud de un expediente de regulación (ERE) para suspender temporalmente el empleo de 437 de sus 572 trabajadores. Otros 95 se encuentran ya en un proceso de jubilación parcial, lo que va a situar a la práctica totalidad de la plantilla en una situación de subactividad. El impacto en el entorno será importante. Según estimaciones de la propia compañía, de cada puesto directo dependen otros 6,8 trabajadores que prestan sus servicios en proveedoras o que realizan trabajos de subcontratación.

 
Deterioro del mercado
Según ha podido saber EL CORREO, en el informe remitido por la empresa al Ejecutivo vasco, la dirección justifica esta medida como consecuencia del parón que ha sufrido el mercado nacional de sus productos y el deterioro progresivo que han experimentado también las exportaciones.

Nervacero fabrica barras de acero corrugado -las que habitualmente se utilizan para reforzar las estructuras de hormigón en las construcciones- y a mediados del pasado año decidió concentrar sus esfuerzos en el mercado exterior tras el desplome experimentado por la construcción residencial. Fuentes cercanas a la compañía señalan que si bien esa estrategia ha permitido mantener la actividad de la factoría, también ha dañado de forma importante su estructura patrimonial. Buena parte de esas ventas en el mercado exterior se ha realizado a precios ruinosos, hasta el punto de generar unas pérdidas muy abultadas que, al menos oficialmente, la firma no ha querido cuantificar.
La empresa ha convocado a los representantes de los sindicatos a una reunión el próximo viernes con el objetivo de iniciar las negociaciones sobre los detalles del ERE. La posición de partida de las partes deja entrever la existencia de fuertes tensiones.

Tensión
Medios sindicales señalan que las relaciones entre la dirección de la firma y los sindicatos UGT y CC OO -mayoritarios en el comité- han sufrido un proceso de deterioro progresivo en los últimos años. Pero, además, entre las centrales y en el conjunto de la plantilla de la empresa vizcaína se ha extendido la idea de que el grupo quiere favorecer a su filial Celsa Barcelona -donde también fabrica el mismo tipo de barras de acero-, en detrimento de la factoría del Valle de Trápaga.

El grupo Celsa -controlado por la familia catalana Rubiralta-, adquirió Nervacero a finales de los 80, tras la reconversión siderúrgica que provocó el cierre de numerosas factorías de producción de acero común en España. La modernización de las instalaciones y, en especial, el tirón que experimentó el mercado de la construcción desde mediados de los 90, ha mantenido a Nervacero a plena producción durante los últimos 15 años.

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