De tal manera, infinidad de profesionales antes de triunfar, en España, tuvieron que hacerlo en el extranjero. Para ser más gráfico lo ilustraré con personajes populares: Javier Bardem, Penélope Cruz, Julio Iglesias, J.M. Serrat, etc. La lista es interminable. Ya en el Imperio Romano tenías que volver victorioso de conquistas lejanas para ser considerado. En 1966, Fernando Díaz-Plaja definió, en “El Español y los siete pecados capitales”, otra de las razones principales: la envidia.
Parece que, mientras sea vecino y conocido, hay que buscar todo tipo de razonamiento para auto-justificarse ante una mayor capacidad profesional de un coetáneo que la propia. Todo antes que reconocer que hemos nacido con capacidades diferentes.
Así, durante años, hemos justificado crecimientos exponenciales empresariales de nuestro entorno a “historias turbias” cuando, en realidad, fueron empresarios visionarios que se anticiparon a su tiempo. Hoy nadie discute el imperio de Amancio Ortega. Zara es líder indiscutible de la moda a nivel global con su grupo Inditex. En su día, la envidia argumentaba rumores infundados que intentaban dar una explicación diferente a la real: trabajo, inteligencia, tesón, excelencia, creatividad, sacrificio, etc. Ídem de Isaac Andic (Mango), Florentino Pérez (ACS), José Manuel Lara (Planeta), Rafael del Pino (Ferrovial), Antonio Catalán (AC – NH hoteles), Hermanos Benjumea (Abengoa), etc. Todos ellos pasarán a la historia por haber escrito un antes y un después en sus sectores.
Al igual que en cualquier sector, el nuestro no es ajeno a la envidia. Hasta difuminarme el recuerdo, he oído críticas al que consiguió llegar a ser el mayor recuperador de Catalunya y uno de los mayores de España: Francisco Rubiralta i Vilaseca.
Rubiralta, fundador del grupo CELSA (Compañía Española de Laminación), murió dejando tras de si un imperio industrial con presencia global. Fábricas en España, Francia, Polonia, UK, Escandinavia. Filiales comerciales en Alemania, Suiza, Estados Unidos, China, Rusia, Oriente Medio e India. Con una facturación consolidada en el 2008 de 5.500 Millones de euros y más de 8.000 empleados.
Su caso es admirable, más aun conociendo sus orígenes. Todo empezó en un pequeño taller de transformación familiar en Manresa. A principios de los años 70, su principal actividad era transformar palanquilla en productos elaborados o semielaborados cobrando un tanto por TM. A diferencia de otras familias que dilapidan sus benefi cios, su padre apostó por la formación de sus hijos mandándolos a estudiar a EE.UU : Harvard Business School, Carnegie Melon y Chicago fueron sus cimientos empresariales. La crème de la créme del management. Allí conoció a quien sería uno de los más prestigiosos profesores de IESE y Creu de Sant Jordi 2003, el Dr. Pedro Nueno. Ya entonces, Rubiralta deslumbró a Nueno, a pesar de que cuando este visitó meses después la empresa, sólo vio lo que era: un pequeño negocio familiar. En aquel entonces no había ni departamento comercial, ni RHH, ni fi nanzas, ni I+D, pero tenían al timonel que en pocos años iba a convertir las palanquillas en panes y peces. Estamos hablando de unos años de gran incertidumbre: España, con la muerte de Franco y la transición democrática. Pero Rubiralta había vuelto de los EE.UU con profundos conocimientos del negocio siderúrgico mundial y con las ideas claras.
Trabajador incansable, crecía mientras caían una tras otra las siderurgias en España. Mientras muchas empresas españolas se vendían a las multinacionales, CELSA fue invirtiendo en tecnología, en formación de sus empleados, en integrase verticalmente hacia arriba y hacia abajo con determinación.
Mientras muchos empresarios se rodean de estatuas de sal, los Rubiralta se rodeaban de los mejores profesionales. Mientras mucho empresario español ha buscado los beneficios rápidos, ellos creyeron en la gota malaya de inversión, dedicación, excelencia y, todo ello, con una exquisita discreción. Quienes lo conocieron profesionalmente lo tenían por un directivo extremadamente duro, pero que conseguía sacar de cada uno la capacidad que habitualmente se lleva escondida y que incluso se desconoce. Sorprendentemente, lo hacía con una gran calidad humana y con una extremada afabilidad en las relaciones.
Mientras muchos no creyeron en un futuro industrial en España, Rubiralta creó, compró y prosperó. Mientras otros vaticinaban el declive industrial de occidente, él decidió apostar decididamente por una CELSA de alta tecnología, global y excelente.
Rubiralta, con ello, nos recuerda de forma clara que no están en declive ni las empresas, ni los sectores ni los países, sino las maneras de gestionar los negocios de formas pretéritas. Ya lo demostró Amancio Ortega en Galicia, mientras el textil y la confección en Catalunya (antaño un referente europeo) languidecía.
Por ello, durante años, cuando he ido recibiendo críticas de CELSA entre colegas del sector, yo respondía: “ellos hacen lo que deben, ¿hacemos los recuperadores lo mismo?” Nuestro sector se ha dedicado, durante años, a buscar excusas en casa ajena en lugar de resolver nuestras propias carencias: conseguir unir al sector en vez de guerras fraticidas, luchar contra los ilegales que calientan los márgenes comerciales, buscar rentabilidad hacia los proveedores a través de tecnología y valor añadido, proyectar estrategias sólidas a largo plazo y no perseguir beneficios rápidos.
Es por ello que rindo tributo al mayor recuperador de Catalunya. Su obra habla por él.
Aprovecho la ocasión para felicitar las fiestas a todos los lectores y desearles un buen año 2011.