La revolución Meiji (Revista recupera 134)

01/04/2024
En plenas campañas militares en Ucrania y en Palestina, me ha venido a la cabeza la guerra japonesa-rusa de principios del siglo XX.

El 8 de febrero de 1904, Japón atacó, sin previa declaración de guerra, al Imperio Ruso del Zar Nicolás II. Un año y medio más tarde se firmaba el tratado de Portsmouth, que puso fin a la guerra con el ataque del Imperio del Sol Naciente a Port Arthur y que, tras la indiscutible victoria nipona sobre el Imperio Ruso del zar Nicolás II, concluía con la anexión de la península de Corea a la emergente potencia asiática, entre otros territorios.

La derrota de Rusia fue recibida con conmoción en Occidente. Que un país no occidental pudiera derrotar en un conflicto bélico a una gran potencia, resultó inspirador para sucesivos movimientos independentistas anticoloniales alrededor del mundo.

Esta guerra propició el llamado fin del mito del hombre blanco. Fueron las semillas bélicas de autoestima nipona que desembocaron el ataque de Port Harbour americano en Hawai, detonador de la II guerra mundial en el Pacífico.

No hay guerra sin innovación tecnológica. En este caso fueron, en las batallas terrestres y navales, por el uso por parte de los japoneses de la radiotelefonía (en el mar) y del teléfono (en las batallas terrestres) para coordinar las maniobras de las unidades de combate y el uso de barcos acorazados.

Pero ¿cómo fue posible que una nación casi feudal a mediados del siglo XIX se convirtiese en una potencia militar e industrial a finales de siglo?

“Desde el Gremi queremos propiciar el benchmarking en nuestro sector a fin de erradicar las estrategias caníbales entre nuestras empresas y semilla muchas veces de las malas prácticas.”

Sin duda alguna, el origen de este golpe en el tablero geopolítico mundial estaba en la Revolución Meiji, impulsada por el ascenso al trono del emperador Mutsuhito en febrero de 1867 (con sólo 15 años de edad). Supuso la metamorfosis radical de Japón, pasando de las estructuras feudales del Shogunato Tokugawa, que había durado 256 años, a un estado moderno e industrializado que mantenía la esencia de su cultura ancestral. A diferencia de casi todas las revoluciones que surgieron de las clases bajas-medias contra las altas, esta revolución fue de arriba hacia abajo.

Se cimentó a partir del análisis sistematizado del funcionamiento de los países occidentales. Se concretó en el intercambio de delegaciones de técnicos y funcionarios de alto nivel japoneses en Alemania, Francia, Holanda, Reino Unido y Estados Unidos. El objetivo de esta búsqueda de conocimiento consistía en la definición de “buenas prácticas” para que Japón entrase en la élite de naciones. De hecho, partiendo de los estudios llevados a cabo, se articuló la reforma del ejército (academia de Nagasaki fiel a la holandesa) y la marina (inspirada en la Royal Navy inglesa), la reforma administrativa con la adopción de las prefecturas o jefaturas análogas a los departamentos de los estado-nación europeos, la reforma económica (industrialización acelerada del modelo productivo), la reforma educativa, la reforma social (desarrollo de la burguesía) e, incluso, una reforma religiosa. En realidad, fue una revolución sincrética que conseguía fusionar lo mejor de la cultura occidental con la cultura ancestral japonesa. Toda una revolución social que tan solo se fraguó en 40 años.

Sirva esta consulta a nuestra historia reciente para introducir una herramienta del management estratégico: el benchmarking o “estudio de experiencias comparables” para la detección de aspectos, prácticas, conocimientos, estructuras, etc. presentes en otras organizaciones y cuya incorporación a la propia podría reforzar o generar una ventaja competitiva.

Desde el Gremi queremos propiciar el benchmarking en nuestro sector a fin de erradicar las estrategias caníbales entre nuestras empresas y semilla muchas veces de las malas prácticas. Para ello, el Gremi está apostando desde hace años por la formación de nuestros asociados que culminará en la que hemos llamado el CAMPUS del GREMI. Un conjunto de contenidos formativos para que nuestros agremiados mejoren la capacidad de gestión de sus empresas. Los contenidos han ido creciendo y lo seguirán haciendo con el fin de profesionalizar el sector.

Por otro lado, hace unos meses iniciamos el proyecto del OBSERVATORIO TECNOLÓGICO, a fin de detectar las mejores tecnologías a nivel mundial para la modernización de nuestros agremiados

Todo para conseguir canalizar el crecimiento de nuestros agremiados hacia la competitividad y no con luchas intestinas de sector.

Por cierto, la victoria de Japón sobre Rusia, a pesar de recuperar territorialmente a Corea, sufrió un severo desgaste económico que propició la II guerra mundial por una huida hacia adelante. Y es que nunca las guerras fueron buenas para nadie, tampoco las comerciales. En cambió Japón, cuando sus acciones de benchmarking se orientaron hacia la estrategia comercial, representaron los cimientos de la 3ª mayor economía del planeta solo por detrás de los EEUU y China en 2023.

“El Gremi está apostando desde hace años por la formación de nuestros asociados y que culminará en la que hemos llamado el CAMPUS del GREMI.”

Xavier Riba,

Presidente del Gremi de Recuperació de Catalunya
xriba@gremirecuperacio.org

 

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Artículo Revista Recupera 134