El Principio de Pascal (Revista recupera 136)

11/10/2024

Hace bastantes años, un amigo mío me llamaba de vez en cuando para saber la tendencia en el precio de los metales y conocer el volumen de actividad de nuestro sector. Pretendía detectar las tendencias de la economía versus su negocio de promoción inmobiliaria. Suponíamos que un sector primario, como el nuestro, anticipaba la tendencia de la economía del país y con ello la de su negocio. Pronto vimos que todo era bastante más complejo.

Durante el primer semestre del 2024, el cobre escaló en pocas semanas un 25% de su precio empujado por noticias de estrangulación de oferta debido al coche eléctrico y la necesidad de crear una red capilar de puntos de recarga. Rompió las cotizaciones récord de febrero del 2022, acarició los 11.000$ (venía de los 8.000$) y, cuando los más optimistas esperaban que escalase hasta los 13.000€, de desplomó. Luego, todo tipo de noticias contradecían las noticias positivas previas y justificaban la bajada. La verdad fue que la subida del cobre estaba totalmente disociada de la actividad global del consumo metalúrgico. La guerra comercial que inició Trump hace unos años no ha parado de incrementarse. Los conflictos bélicos de Ucrania primero, luego los ataques de los buques portacontenedores en el Golfo por guerrilleros yemeníes, y la escalada en Israel – Gaza, lejos de crear bonanza en el sector, enfría las economías y con ello el consumo de materias primas.

Entonces, ¿qué ocurrió para este incremento inesperado? China es el primer consumidor mundial de metales. Pero su economía hace años que no remonta después de una fuerte crisis inmobiliaria que no acaba de cicatrizar. Como primer fabricante del mundo, China no está interesado en materias primas caras. Tampoco a Europa, carente de materias primas, nos conviene precios caros. A Rusia, en cambio, con la sangría económica de la guerra de Ucrania y gran reserva de minerales, ya le van bien los precios récord de metales, porque su industria no es relevante a nivel global.

Entonces, ¿es posible anticipar qué va a pasar con la economía, los intereses, el precio de los Commodities?

“La LME sigue aceptando aluminio ruso en sus almacenes con sus efectos en la oferta y demanda real y, con ello, en los precios.”

Han pasado varias décadas y la economía se ha globalizado de tal manera que cualquier conflicto en el otro lado del planeta tiene una repercusión casi directa en la economía española y europea. Este mes de agosto, Japón estuvo a punto de arrastrar las bolsas mundiales e hizo bajar al cobre en la LME en la peor cotización en 6 meses.

Tampoco los conflictos bélicos anticipan nada. Aunque las balas se fabrican todavía con una aleación de cobre, parecería que las guerras con drones no consumen tanto como para estrangular la demanda y subir los precios del cobre y zinc.

En quince días tenemos las elecciones de los EE.UU. Quizás pueda ser el factor más determinante para la evolución de las economías mundiales y con ello la de las materias primas que gestionamos. Las encuestas están en tablas, diría que están a cara y cruz. Pero hay quienes confían más en las apuestas, y éstas dan como vencedor claro a Donald Trump.

Me pasé años estudiando las técnicas de análisis por gráficos, llamados charts. Conozco amigos que se han arruinado con ellos. Actualmente hay sofisticados software que pueden generar maravillosos gráficos predictivos. Aunque les es imposible detectar la entrada en tromba de un fondo de inversión, o la caída de cotización por factores imprevisibles (cada vez más comunes).

Parecía que la aparición de los mega ordenadores, capaces de ganar al campeón del mundo de ajedrez, serían capaces de predecir o regular la economía o el precio del cobre. Si ello fuera cierto, Alan Greenspan hubiera evitado el batacazo económico del 2008 que arruinó a miles de empresas financieras en el mundo.

El mundo ha evolucionado hacia, lo que algunos llaman, la aldea global, una economía de vasos comunicantes interconectados. Los presupuestos de nuestras empresas cada vez dependen más de factores que no controlamos y, lo que es peor, cambian de forma radical en horas. Quizás tenga que llegar la Inteligencia Artificial con capacidad infinita de aprendizaje para domarla.

Bajo mi opinión, existe una creciente divergencia entre la economía de “Bricks” y la de “Clics”. En este caso, los “bricks” somos quienes “movemos” el material, lo procesamos y acaba siendo un producto acabado en forma de una ventana, un automóvil, una lata, o una tubería. En cambio, los “clics” están representados por los fondos de inversión con capitalización billonaria que mueven sus patrimonios del trigo al oro y del oro al petróleo y de allí al café pasando por el cobre por poner un ejemplo. Sus movimientos son vertiginosos, difíciles de anticipar y sin más consideración que obtener el máximo rendimiento financiero en el mínimo periodo.

Pero los fondos de inversión que dominan las bolsas mundiales, no solo de materias primas, tienen una función positiva. Dan liquidez en los mercados cuando la actividad real no es suficiente. Digamos que ayudan a que no se desplomen los precios esperando, claro está, su recuperación. No todo es malo en su participación.

Después del 2008, mandatarios como Obama o Sarkozy presionaron a las bolsas mundiales para crear reglas que impidieran la especulación despiadada que la economía real no puede soportar. Se llegó a reglamentar medidas, pero la vuelta de Trump al gobierno de los EEUU volvió a romper estas tendencias presionado por los lobbies neoliberales.

“El mundo ha evolucionado hacia, lo que algunos llaman, la aldea global, una economía de vasos comunicantes interconectados.”

Así están las cosas actualmente.

Con niveles de volatilidad diaria récord, una economía que sigue estando basada en la industria pero que las financieras llevan el timón real.

Simultáneamente, un creciente número de fondos de inversión son propietarios de los grupos industriales planetarios. Ello les permite, además de presionar los precios de los Commodities, ir concentrando empresas de tamaño planetario. Estos grandes grupos tienen una potencia económica superior a los mayores países del mundo.

No estamos lejos del Gran Hermano que predijo George Orwel en su libro 1984. Bueno, serán unos cuantos Grandes Hermanos…

La duda es si esta creciente situación será capaz de mejorar nuestra calidad de vida o, por el contrario, entraremos en un nuevo feudalismo económico.

“Así están las cosas actualmente. Con niveles de volatilidad diaria récord, una economía que sigue estando basada en la industria pero que las financieras llevan el timón real. “

Xavier Riba,

Presidente del Gremi de Recuperació de Catalunya
xriba@gremirecuperacio.org

 

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