Aranceles versus libre mercado (Revista recupera 139)

13/05/2025
Hoy es día del apagón de España. Espero que la batería de mi laptop me permita terminar la editorial.

Estos dos meses han venido saturados por la vertiginosa voluntad legisladora de Donald Trump. Quizás los funcionarios americanos andan muy preocupados, pero para el mundo económico global la mayor preocupación es su batalla contra el mercado libre global.

Más allá de sus amenazas a los aranceles llamados recíprocos, a lo que más temen los economistas es al parón económico que está provocando. Las bolsas mundiales reflejan en sus acciones empresariales semanas de pérdidas de valor récord. Porque ante todo a la economía no le sienta bien la inestabilidad. Nadie se compromete en grandes inversiones ante un futuro incierto. Tampoco quienes se han de hipotecar en un piso, o deciden demorar la compra de un vehículo. Parecería que Trump se está disparando en su pie, con el nuestro debajo, claro.

Afortunadamente los claros indicadores económicos han forzado a Trump, como poco, a retrasar la aplicación de aranceles en muchos casos ilógicos. Es el caso de Lesoto, con el 50% de aranceles, que solo exporta diamantes a los EE.UU. Con ello cubre su precaria economía y no tiene para comprarle nada a Trump. Pero según analistas, el daño a la economía ya está hecho y difícilmente será reversible. Es como los helados del frigorífico hoy. Una vez descongelados, ya nunca serán consumibles por mucho que su apariencia sea parecida.

Este trimestre los periódicos han venido llenos de noticias preocupantes. Parecería que una viniese detrás de otra.

Volkswagen, uno de los motores de la economía alemana, anunció el cierre de dos plantas en Alemania por primera vez en su historia con una reducción laboral de unos 23.000 empleados. Sin haberlas podido cerrar por la presión de los sindicatos alemanes, hace unas pocas semanas el fabricante alemán de los tanques Leopard, KNDS, anunció que iba a absorber las dos fábricas de Volkswagen en el marco del nuevo programa de rearme europeo.

“Más allá de sus amenazas a los aranceles llamados recíprocos, a lo que más temen los economistas es al parón económico que está provocando.”

En este baile de noticias, los principales metales básicos se han movido nerviosamente. El aluminio se ha llevado la peor parte con una caída de hasta el 20 % después de meses incentivado con las promesas electorales de Trump finalmente pinchadas a fuerza de decreto ley. El cobre cabalgó con fuerza hasta los 9.000 €, por las compras pre-aranceles de los consumidores norteamericanos, hasta el día que confirmó los aranceles con una caída del 17% en sus puntas. Para nada los movimientos especulativos de la LME, reflejan la realidad de nuestro sector industrial.

Desamparada militarmente por los EE.UU., la CE presiona a sus estados para aumentar el gasto militar. Quizás el rearme ha sujetado algo los precios de los metales básicos a pesar de los vaivenes políticos y económicos.

Mientras tanto –y sorpresivamente– Europa, amenazada igualmente por los aranceles de Trump, anunció a su población en marzo que estén preparados para cualquier emergencia como un ataque militar, un ciberataque, un apagón o una inundación, para poder sobrevivir las primeras 72 horas. Afortunadamente el apagón, todavía por esclarecer, solo alcanzó un máximo de 12 de horas en el peor de los casos… aunque 48 horas después siguen sin funcionar todos los trenes.

En medio de tanto ruido, en Bruselas resuenan los tambores de cerrar la exportación de materias primas de Europa, presionados por los grandes fabricantes. El argumento es defender la industria europea. Si se llevase a cabo, quizás fuerce al cierre a miles de recuperadores europeos, como anunció la directora de la principal asociación italiana de chatarras en el marco de la asamblea de asociaciones en el BIR, y prosiga la tendencia de la concentración e integración de empresas dentro de grandes grupos. Digamos que se propiciaría una tendencia que algunos llaman el nuevo feudalismo empresarial.

Recuerdo hace unos años que un refinador de aluminio me recriminaba por exportar chatarras a Europa, cuando ellos estaban exportando lingote y a la vez importaban otras chatarras de Europa. La realidad es que la apertura de fronteras ha generado riqueza en cada uno de nuestros negocios, directa o indirectamente. La libre circulación de mercancías espolea la actividad económica de quienes la participan. Cada vez que un país o zona geográfica se ha cerrado ha beneficiado a unos pocos y ha perjudicado a muchos.

La globalización está siendo criminalizada porque, evidentemente, pueda generar efectos adversos, pero hasta la fecha los insumos han sido superiores. Inditex no existiría sin la globalización. Históricamente imaginaos como hubiera sido nuestra cocina sin arroz, sin tomate o sin cebolla.

Parecería que el gran demonio de este mundo global es China, pero que lance la primera piedra quien no tenga en casa un mueble de Ikea fabricado en el gigante asiático, una pieza de ropa de Inditex (idem), o un teléfono móvil de marca o fabricación china. Parecería que solo queremos la globalización cuando nos beneficia, pero no cuando nos perjudica.

En mi experiencia y conocimiento, cuando en un país se limita la exportación de chatarras, automáticamente caen de precio en su mercado interior, produciéndose un diferencial de precio muy goloso versus el mercado libre. De tal manera, en los países que se han implantado las restricciones crece exponencialmente el fraude con exportaciones ilegales. Es el caso de Argentina y de Venezuela, en estas últimas décadas. Su industria, lejos de espolearse, se durmió todavía más. De nada ha servido cerrar las fronteras para espolear a la industria argentina. Milei, en su línea liberalizadora, ha eliminado tal prohibición.

“En un mundo global, la competencia abierta nos hace más creativos y competitivos.”

China ha sido útil mientras no ha sido competencia, pero a partir de que un Huawei le puede hacer sombra a Apple, o un automóvil BYD (Build Your Dream) a Tesla o a VW, hay que bloquearlos. Veamos.

Dentro de la misma industria alemana del automóvil persisten dos planteamientos.

El primero es bloquear con aranceles los competitivos coches chinos, y otro planteamiento es permitir su entrada a fin de espolear la artrósica industria alemana.

Es el caso de Tesla, que tiene su mayor fábrica en China. Al igual que en los años 90, Volkswagen enseñó a China a fabricar automóviles y están donde están. Quizás ahora tenemos que ser los europeos quienes debamos “ponernos las pilas”.

En este ámbito de cerrar o no los países a nivel comercial a través de aranceles como Trump, en Europa ciertos grupos pretenden cerrar las fronteras, lo que conllevará una mayor concentración de empresas ante grupos cada vez más monopolísticos. Será otro paso inexorable de la caída de la clase media europea.

La situación global es apasionante si no fuera porque, dependiendo de los acontecimientos, puede determinar de forma clara nuestra riqueza como país, empresa o individuo.

Personalmente siempre fui partidario de la filosofía que gobernaba las calles medievales, donde todos los miembros de una profesión se instalaban en la misma calle. En un mundo global, la competencia abierta nos hace más creativos y competitivos.

Xavier Riba,

Presidente del Gremi de Recuperació de Catalunya
xriba@gremirecuperacio.org

 

Descargar en PDF:

Artículo Revista Recupera 139