La profesión más antigua del mundo (Revista recupera 138)

03/02/2025
Sírvanme poner un ejemplo para describir nuestra sociedad, orientada al consumismo desaforado y sin excesiva percepción del valor de las cosas.

Hace unas semanas, apareció una escultura griega, de más de 2000 años de antigüedad, junto al contenedor de la basura, en la ciudad de Salónica. No es un caso aislado, hace dos años se encontró, en un contenedor de basura, dos pinturas barrocas del siglo XVII en la ciudad de Ohrenbach. Podría aburriros con más ejemplos en España, pero prefiero entrar en materia.

El pasado mes de julio, en un artículo de La Vanguardia, se hacía una crítica velada a quienes compraban metales a los recogedores de las calles en nuestras ciudades. Entiendo que ver itinerante la pobreza en nuestra ciudad no vende. Tampoco vende los homeless en el Boulevard des Capucins en Paris junto a las terrazas de los bistros más turísticos. Pero la pobreza es parte de esa sociedad competitiva que hemos creado, que crea colectivos desfavorecidos. Como poco, recogiendo chatarra, pueden subsistir.

El artículo, amparado por un estudio de la Universidad de Barcelona, argumentaban que, prácticamente, era una actividad esclavista ante unos ingresos diarios de unos 20€ al día. Déjenme dudarlo. A los precios actuales de las materias primas, con el cobre a 8 euros por kilo, y el aluminio a unos 2 euros, os puedo asegurar que esa cantidad se puede multiplicar a la declarada por varios enteros en un día de suerte. Sospecho que los recogedores puedan responder, a la encuesta de un extraño, una cantidad mucho menor de lo que recaudan diariamente. Muchas de estas personas, que quizás reciben un subsidio de los departamentos de trabajadoras sociales de una ciudad, si declarasen sus reales recaudaciones, perderían dicho subsidio. Además, poneros en su lugar, lo más fácil es que piensen que pueden ser obligados a pagar impuestos por sus ingresos alegales.

Hace unos meses, me comentaban que un colega de sector, con “puerta”, está siendo investigado por Hacienda con unas compras anuales a un ciudadano extranjero por mas de 500.000€. Investigando la situación, resultó que era el titular de una asociación informal de compatriotas recogedores, pero que era él solamente quien canalizaba los ingresos, porque era el único que tenía NIE.

No tengo más detalles, pero la economía informal o alegal es una realidad en nuestro sector. Pero no hablo de nuestra ciudad, no hablo de nuestro país, hablo de una práctica habitual en cualquier ciudad del mundo, sea del primer mundo o del tercero. Se calcula que existen unos 15 millones de recogedores callejeros en todo el mundo (incluyendo tanto países del primer mundo, como del segundo o tercero). Ya hablaba de esta profesión alegal en el número 83 de RECUPERA de febrero 2014, haciendo un repaso a cómo se llaman en cada país. En Francia, biffin, en Inglaterra, Watepickers, o en Alemania, Pfandsammler, por poner ejemplos de países “ricos”.

Pero, ¿deberíamos sentirnos responsables de contribuir a la subsistencia de una parte de nuestra sociedad de sustento precario? O, por el contrario, culpabilizar a una sociedad que somos tan ricos, o despilfarradores, que arrojamos con impunidad objetos con mucho valor, o con capacidad de ser reusados.

En el año 2000, la genial directora francesa Agnès Varda, esposa de otro gran director de cine francés, Jacques Demy, retrataba en su documental Los espigadores y la espigadora a aquellos que viven en la Francia contemporánea de lo que la sociedad rechaza aun siendo valioso. El título procede de un cuadro que Millet pintó en 1857 con las espigadoras de grano después de la cosecha. Varda hizo un retrato de lo que sucedía en esos momentos en la sociedad francesa, una sociedad de recogedores de todo tipo de productos que una sociedad de excesos rechaza. Recogedores de muebles para restaurarlos y venderlos en elegantes boutiques, de patatas que por su forma o tamaño se desperdician, recogedores de fruta que no se recoge por manchas a pesar de su buen bouquet, o restaurantes de estrella Michelin que recogen la uva despreciada por los robots de vendimia pero que goza de una calidad excepcional, etc

Hace unos meses, visité la impoluta Copenhagen con motivo del BIR de primavera. Paseando por la principal calle comercial de la ciudad, todavía no me había terminado una botella de agua, cuando una mujer vestida muy correctamente y con una bolsa me pidió el envase de forma muy amable. Le di el ultimo sorbo y se la entregué. Unos 20 céntimos de euro que le entregué. Dinamarca hace décadas que implantó el Sistema de Depósito, Devolución y Retorno (SDRR). Así de limpia está la ciudad de envases en su suelo urbano.

“Se calcula que existen unos 15 millones de recogedores callejeros en todo el mundo, incluyendo tanto países del primer mundo, como del segundo o tercero.”

Nada diferente a otra anécdota paseando por los parques urbanos que bordean el rio Spree. Los Berlineses acostumbran a pasar el día en el parque Köllnischer de picnic o, simplemente, tomando un refresco. Al terminar llevan sus envases a las papeleras situadas estratégicamente. Pero no los arrojan dentro, sino que las depositan exteriormente al pie de ellas. La anécdota es que, de repente, apareció un jubilado alemán, vestido con pajarita y chaleco como para ir a bailar valses de salón, recogiendo los envases de vidrio, PET o aluminio que la gente había ido depositando al pie de la papelera con el típico carrito de dos ruedas para ir a la compra. A buen seguro se sacaba un buen complemento a su jubilación.

En un parque de Helsinki observé una situación parecida hace dos veranos con un grupo numeroso de boy scouts que pasaban la tarde con sus monitores y descansaban tomando refrescos. Faltó tiempo para que los “oteadores” del depósito de envases se los pidiesen amablemente.

Afortunadamente, el gobierno español ha tenido suficiente determinación para aprobar, este diciembre pasado, la ley para para que antes de dos años se implante el SDDR en España. Por fin se ha reconocido oficialmente que las cifras de reciclado de envases no llegaban ni al 50%, por lo que, consecuentemente, tenía que tomar medias para cumplir los requerimientos de la CE.

En estos dos años se ha de determinar cómo se ha de implantar.

Mi posición es clara. EL SDRR se tendría que implantar bajo el sistema alemán que es mucho más descentralizado que el sistema escandinavo porque España tiene una distribución de población más parecida a Alemania que a Escandinavia.

El sistema escandinavo tiene concentraciones de población relevantes en el sur, porque la parte norte de sus países está prácticamente deshabitada, comparativamente. Ello permite un funcionamiento óptimo con un sistema de gestión muy centralizado.

En Alemania, en cambio, está descentralizada la gestión. Cede la posibilidad a que las cadenas de supermercados puedan directamente vender sus envases, por centros, a empresas para reciclar.

“Dinamarca hace décadas que implantó el Sistema de Depósito, Devolución y Retorno (SDRR). Así de limpia está la ciudad de envases en su suelo urbano.”

Conociendo la red capilar que dispone nuestro sector de gestores de residuos en cada ciudad española en toda España aprovecharía esta infraestructura profesionalizada para cubrir el servicio de recoger, cada día, 50 millones de envases entre PET, aluminio y vidrio.

También el sistema alemán permite a una cadena de supermercados como LIDL reciclar los envases plásticos que recoge en sus centros para fabricar sus nuevos productos. Pura economía circular.

Una pregunta que preocupa a las autoridades es qué se va a hacer con los centros de clasificación de envases que han proliferado, mayormente, en las grandes ciudades. Muy sencillo. El sistema no obliga a instalar máquinas de reverse vending en los supermercados. Pueden elegir este sistema, o recoger los envases manualmente con un humano. En la práctica, los centros medianos y grandes disponen de maquinas recogedoras, mientras que los centros pequeños no les compensa. En estos centros se precintan bolsas con el código del centro y, periódicamente, son recogidas para llevarlas a centros de conteo automático. Esas plantas que previamente han clasificado el contenedor amarillo, se pueden adaptar con facilidad a esta nueva actividad.

Pronto veremos por nuestras ciudades una nueva categoría de espigadores. Aquellos que vivirán de los ciudadanos incívicos que seguirán sin reciclar envases.

Sean inmigrantes, niños o jubilados, serán quieres por afán de lucro reciclarán. Aquellos que hoy no reciclan, seguirán sin hacerlo, pero con el depósito, darán una nueva oportunidad a los envases. Siendo para reusar o para reciclar correctamente, se recogerán en pocos meses más del 90% de los envases.

Nadie sabe a ciencia cierta qué profesión es la más antigua de la humanidad, pero probablemente sean los espigadores primitivos que aprendieron a recoger, aquello con valor, que la naturaleza abandonaba.

Xavier Riba,

Presidente del Gremi de Recuperació de Catalunya
xriba@gremirecuperacio.org

 

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