Cada vez que un español compra un televisor, la maltrecha balanza de pagos se resiente. Del precio que se paga, una parte del importe son las patentes tecnológicas que permitirá disfrutar maravillas en el comedor de tu casa. Otra parte importante es la materia prima con que está fabricado. Las patentes van a fondo perdido. La mayor parte del valor de su materia prima se podrá recuperar al final de su vida útil. Algo parecido ocurrirá con una nevera, una lavadora o un aire acondicionado. Cientos de miles de toneladas de acero, cobre, estaño y aluminio que nuestra balanza de pago se beneficia si se recicla.
Al igual que con automóviles, neumáticos y envases, los electrodomésticos se han venido reciclando por los recuperadores durante décadas. Mucho antes que llegaran los sistemas integrados de gestión de residuos (SIG´s).
Recuerdo que la calidad de las latas de aluminio recuperadas por los chatarreros españoles era equivalente a la calidad de las americanas. El recuperador español, con más maña que tecnología, conseguía una materia prima recuperada que ALCAN podía convertir de nuevo en lata. Llegaron los SIG’s, crearon instalaciones de espalda al conocimiento y experiencia de los recuperadores y hoy España es internacionalmente famosa, tristemente, por su baja calidad. No tiene otra salida que volverlas a triturar, separar lo metálico de lo no metálico y utilizarlas para fundición de aluminio refi nado (menos exigente que el reciclador de latas y a un precio mucho más bajo).
Otro ejemplo, este positivo, de irrupción de un SIG en los mercados de recuperación fue a mediados de los 90 con el automóvil. Siderauto (fabricantes) y AEDRA (desguazadores), después de unos años de rifirrafe, pactaron una tregua que fue beneficiosa tanto para los productores como para los recuperadores. Hoy la reutilización, el reciclado y la valoración de los VFU son un ejemplo a seguir para otros SIG’s. A principio de los noventa no se retiraban los neumáticos, el aceite y demás líquidos contaminantes que contiene un vehículo. Hoy se avanza hacia el reciclado de los cristales y plásticos, etc. El acuerdo conllevó, no solo que no se perdieran los puestos de trabajo de cientos de desguazadores, sino que el sector ha generado, además, miles de empleos verdes ante las nuevas y crecientes exigencias medioambientales.
Las primeras intenciones de los productores eran concentrar, monopolizar y optimizar los costes al mínimo. Hubiese sido un error gravísimo para el país. Afortunadamente, el sentido común se impuso y los productores entendieron que nadie mejor que los recuperadores para hacer su trabajo y tan solo había que encauzar la recuperación, pero dejando fluir al sector. Esto le llamaremos facilitar.
Actualmente nos encontramos en otra encrucijada con los residuos eléctricos y electrónicos. Podemos aprender de los desguazadores y fabricantes de automóvil o de otros SIG’s.
Podemos aprender de los SIG’s de RAEES en Europa que funcionan bien o de los que funcionan mal (para no caer en sus errores). Los que funcionan bien no han monopolizado la actividad. Se ha demostrado que los monopolios en la recuperación bajan la competencia y con ello los precios, hacen cerrar a los recuperadores pequeños-medianos legales, bajan las cifras oficiales de recuperación porque, sorprendentemente, aumenta la recuperación ilegal y baja la calidad del producto recuperado. Los SIG’s que funcionan bien actúan como facilitadores, que se benefician de la experiencia y de la capilaridad de los recuperadores y con ello se consiguen mejores tasas de reciclado y de mayor calidad.
También es importante no mezclar los 10 grupos de RAEES. No se pueden mezclar las churras con las merinas. No tiene nada que ver el reciclado de un televisor de tubo catódico con el de una lavadora. La de equipo de aire acondicionado con una iPod, por poner dos ejemplo. Es claramente necesario diferenciar la recuperación de los RAEES de valor positivo de los negativos.
¿Por qué monopolizar la gestión de un residuo como una lavadora? ¿Qué sentido tiene hacerlo si siempre se ha reciclado? En cualquier caso el productor, la administración y las asociaciones de recuperadores pueden progresar hacia una mejor y mayor recuperación, como ha sido en el caso del automóvil.
Otro error habitual es utilizar los kilos recuperados de un grupo con los de otro. No podemos llegar a los 4 kgs. año solamente con línea blanca. La responsabilidad ampliada del productor (RAP) lo es con todo RAEE que se pone en el mercado.
Otra tentación clásica de los SIG’s es la de homologar a los recuperadores o a sus procesos. Como me dijo un amigo periodista ambiental hace unas semanas: “no podemos poner zorros a cuidar a las gallinas”. Es una frase contundente, pero certera. También es esperanzador que la prensa especializada sea conocedora de esta realidad. La sociedad avanza.
Nuestros colegas americanos del ISRI lo han resuelto creando una certificación de planta y de proceso. Si, señores, homologa quien entiende y tiene experiencia. Quien es neutral. En Inglaterra ya existen plantas homologadas con la R2 – RÍOS. La homologación se hace de un criterio neutral y considerando el ser respetuoso con el medio ambiente. Estos son los famosos empleos verdes.
Bueno, ahora la idea ha evolucionado y se habla de los empleos azules: procesos respetuosos con el medio ambiente pero a un coste razonable que pueda absorber la sociedad.
Actualmente, el mercado español está avanzando de forma preocupante hacia la trituración indiscriminada de chatarras eléctricas y electrónicas, sustituyendo a actividades más respetuosas con el medio ambiente que aprovechaban los diferentes subproductos.
Un RAEE es como un cerdo que, si se despieza, se vende mucho mejor que triturado y en salchichas. De hecho, en Europa se avanza hacia el desmontaje industrializado de los RAEES, en detrimento de las primeras prácticas que los fragmentaban.
Desde la ANR defendemos una posición con la gestión de RAEES donde impere el libre mercado, donde sea quienes sabemos recuperar (conjuntamente con la administración) quien homologue plantas y procesos. En donde se aproveche la capilaridad y el conocimiento de los recuperadores, en donde no se mezclen los diez tipos de RAEES tan sólo para cumplir los imperativos de Bruselas, en donde España recupere millones de €uros en materia prima de la chatarra electrónica y que, además, genere empleo.
¿Construimos puentes?