21 de Enero 2008
Ajustar, juzgar, elegir: la etimología de crisis remite a palabras amables. A un proceso de cambio. Pero los mercados no se andan con sutilezas cuando ven asomar el morro de una de esas crisis. El dinero se ha evaporado de las Bolsas en los primeros compases de 2008.
El panorama se ha ensombrecido de repente, con los pinchazos inmobiliarios en España y EE UU y el sufrimiento de la banca por el efecto devastador de las hipotecas basura y la falta de liquidez. Todo apunta al agotamiento del ciclo más expansivo y duradero de las últimas décadas en las grandes economías. Pero en tiempos de turbulencias también hay ganadores, y en ese bando nadie brilla tanto como las materias primas.
El precio del cobre se ha cuadruplicado en cinco años. El del petróleo se ha triplicado, y los del oro y el zinc se han duplicado. El trigo y la soja se dispararon un 70% en 2007. Los futuros del crudo, la plata, el uranio, el maíz y muchos otros materiales están en máximos o cerca de ellos. "Y esto no ha hecho más que empezar", afirma desde Nueva York Juan Pablo Fuentes, analista de Moody's Economy.
Las materias primas viven un boom prácticamente ininterrumpido en la última década, que se ha acelerado aún más recientemente. Las razones son múltiples, pero un dato destaca sobre todos los demás: la población urbana mundial superará en 2008 a la de las zonas rurales por primera vez en la historia, según el FMI, por la escalada de las economías emergentes, con China -siempre China- a la cabeza. Las consecuencias de ese sorpasso son muy diversas, pero para empezar eso supone más hilos de cobre para la electricidad, más petróleo para el transporte, más comida para una población con mayor nivel de renta. En esa tesitura, los precios se disparan.
(El País, 20-01-2008)