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Tal vez no conozcas a
ninguno, incluso es posible que no hayas oído hablar de ellos, pero
hasta hace pocos años todos los chavales del barrio sabían dónde tenía
su taller el trapero.
La tradición, el espíritu de ahorro y el sentido común hizo de los traperos
unos especialistas en obtener beneficio de todo aquello que el resto
de los ciudadanos desechábamos. Había muchos de estos profesionales
repartidos por todas las ciudades. Los jóvenes acudían allí con lo que
en casa daban por inutulizable: desde una vieja plancha que había dejado
de funcionar, hasta botellas de champán vacias o viejos periódicos y
revistas. A cambio, obtenían un poco de dinero con el que acudían a
la tienda de golosinas más próxima. Era todo un ejercicio de valorización
de residuos con la más dulce de las recompensas.
Una de las tareas de los traperos consistía en devolver la vida a los
pequeños electrodomésticos que caían en sus manos, juntando piezas de
distintos aparatos. Después los ofrecían a precios ajustados. También
se encargaban de llevar el vidrio que iban acumulando hasta las fábricas
de envases, en una avanzadilla de lo que sería la recogida masiva en
contenedores selectivos. Lo mismo hacían con el papel de periódico y
revistas o la tela de la ropa usada y los trapos desechados (de ahí
su nombre).
En la actualidad, y tras unos años en que estuvieron al borde de la
extinción, los traperos vuelven a recobrar un puesto en la sociedad
de consumo como pioneros del arte del reciclado y la recuperación de
residuos. De ese modo los barrios asisten a la recuperación de uno de
los negocios más eficaces y que prestan mejor servicio a la comunidad
de vecinos. Por ello, si tienes la suerte de contar con una trapería
en el barrio, debes considerarte afortunado.
Pero los tiempos cambian y estos especialistas han sabido adaptarse.
En unos casos trabajan cono responsables de tratamientos de residuos
en grandes empresas, en otros han formado cadenas de distribución de
productos de segunda mano, que ya son toda una alternativa de mercado.
Algunos también recurren a toda clase de objetos de los que nos despojamos
para, a la manera tradicional, devolverles su función para ser reutilizados.
Te animamos a promover desde la asociación de vecinos de tu barrio,
tu calle o tu escalera, iniciativas de apoyo y participación para colaborar
con estos nuevos traperos y cumplir así dos tareas: apoyar una iniciativa
solidaria y contribuir a la recuperación de los residuos. Y recuerda:
antes de abandonar un objeto voluminoso en la basura, llama al ayuntamiento
y pide el teléfono del chatarrero del barrio.
Fuente: Editorial Plaza
& Janes
Colección: Dinámica Ecología
Autores: César Barbo y Jose L. Gallego
Título: Mamá, quiero ser ecologista
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